El Domingo de Ramos es una fecha litúrgica de primera importancia dentro de la fe católica, pues representa un episodio clave dentro de lo que sabemos de la vida de Jesús y del ambiente en el que se desarrollaron los acontecimientos que llevarían a su Muerte, Pasión y Resurrección.
Cristo entra a Jerusalén montando una burra, mientras sus habitantes lo reciben con ramos de palma, símbolo de victoria y realeza en esos tiempos. Hablamos del mismo pueblo que días después, le condenaría a la más abyecta de las torturas y posterior muerte.
Domingo de Ramos conmemora este momento tan potente y significativo por un lado, y tan concretamente humano como es el trato cambiante del pueblo Jerusalem hacia el Salvador, que de muchas maneras refleja el mundo polarizado en el que vivimos.
Con todo, Jesús el hombre y Cristo- Dios, enfrenta las injusticias y la pequeñez humana con un profundo sentido de paz que hoy estamos llamados a emular. Hay fuerzas reales que hoy convierten a la política, la economía e incluso a la religión en armas que se empuñan en contra de los inocentes, envenenado el pozo del debate público a una mezquina dinámica de “ellos contra nosotros”, avivando las llamas de la guerra en distintos rincones del mundo mientras depredamos el mundo que heredarán nuestros hijos.
Es tarea nuestra desde nuestros roles como educadores formales (docentes) y educadores reales (padres) dar el ejemplo de enfrentar el presente con la inteligencia de la paz, y de crear una cultura que por sobre todo valore lo mucho que tenemos en este sentido y busque activamente protegerla por medio de nuestras opiniones y actitudes.
Este es el contexto en el cual se vivió una muy necesaria Liturgia de la Palabra, presidida en este caso por nuestro capellán el Padre Rodrigo Dominguez, quien reflexionó junto con nuestra comunidad sobre el significado de esta especial fecha.
Un momento muy significativo durante la ceremonia, fue la bendición a través de los ramos dispuestos, típicos de este momento del calendario litúrgico, los cuales pasaron por medio de las delegadas de pastoral, a hermosear cada una de las 20 salas de clases, junto con una copia de La Sagrada Escritura las cuales tienen ahora lugar en los altares destinados para esto en cada aula.
